Las desgracias y las alegrias, la religión y la tradición, la magia, el teatro, la música, la miseria, la ilusión, la pobreza, el arte, la moda, la política, el sufrimiento, el carnaval, la desesperación... la vida misma. Todo es válido para el objetivo de una cámara. No importa el lugar ni la hora; no importa quién es el protagonista; sólo importa ese momento: una luz, la expresión de una cara, la simetría, los claro-oscuros...