Puede decirse que llevo dos tercios de mi vida pegado a una cámara. A los 18 años se produjo mi primer contacto con el mundo de la imagen, pues colaboré con la Asociación Candilejas de León, realizando cortometrajes en el mítico super8. Mi afición por el mundo de la imagen, me llevó a trabajar, ya profesionalmente, en una productora leonesa, donde estuve cinco años haciendo reportajes y documentales tanto institucionales, como para diferentes televisiones del mundo.

Llegó el momento de cambiar de objetivo y empecé a trabajar como fotógrafo en un periódico local, donde he llevado a cabo mi labor profesional los últimos 20 años. Durante este tiempo también colaboré con agencias de fotografía deportiva y me dediqué a hacer reportajes de bodas, comuniones y bautizos a amigos y familiares. La gran satisfacción que demostraban al ver mi trabajo, me llevó a dedicarme a este campo de la fotografía profesional.

En mi tiempo libre, siempre he tenido una cámara colgada al cuello: tanto en mis viajes como cooperante internacional (Rumanía, Ecuador y Togo), como en aquellos que realicé por el simple hecho de conocer mundo. La mirada de los niños en países del tercer mundo es algo a lo que mi cámara no se puede resistir. Tampoco mi polaroid, fiel compañera de viaje que me permite dejarles un recuerdo de mi estancia.

Si tengo que mencionar una virtud, es que en mis sesiones fotográficas hago lo que mis modelos desean: ellos me dicen la idea que tienen y juntos la llevamos a la práctica. En este trabajo es importante tener empatía y por qué no, confianza para decir lo que te gusta.

Por lo que me comentan, la relación calidad-precio de mi trabajo, es muy interesante. Los reportajes de bodas son baratos, pues entiendo que tal y como está el país, no es bueno incrementar los precios.